En los años más oscuros del franquismo, cuando el aborto estaba prohibido sin excepción y la sexualidad femenina se regulaba desde la moral católica, una discreta herramienta médica comenzó a circular entre quirófanos, consultas y pisos particulares: el aspirador uterino. Lo que hoy conocemos como aspiración endouterina o aborto por aspiración – una técnica hoy avalada por la Organización Mundial de la Salud para interrumpir embarazos o tratar abortos espontáneos – tuvo en España una historia marcada por la clandestinidad, la creatividad y, sobre todo, por la tensión entre la ciencia y el activismo.
- Una innovación médica con límites morales
El principio era sencillo: mediante un sistema de succión, se podían extraer los restos del interior del útero de forma más segura y menos dolorosa que con el tradicional raspado o legrado. En la España franquista, donde el aborto estaba duramente penalizado, los ginecólogos presentaron la técnica bajo un nombre que unía la tradición y la innovación: legrado por aspiración. Autores como Francisco Bonilla o José María Bedoya, defendieron públicamente el método como una innovación para tratar abortos espontáneos o diagnosticar enfermedades, evitando referirse a su uso para interrumpir embarazos.

Esa prudencia escondía, sin embargo, una paradoja. En revistas médicas se describían con detalle los instrumentos necesarios y el procedimiento completo, lo que en la práctica ofrecía a cualquier profesional las instrucciones para realizar un aborto. Los artículos incluían un descargo de responsabilidad, rechazando ese uso en España por motivos ideológicos. Sin embargo, acto seguido, procedían a describir con minucioso detalle el método, los materiales necesarios, los tiempos de gestación adecuados y los beneficios de la técnica. Llegaban a dar instrucciones tan precisas como esta:
“Todos insisten en que este método es muy útil en las primeras doce semanas de embarazo… en embarazos de más de tres meses, usar cánulas más gruesas…” González, José María Bedoya and Rivas, C., ‘Vaciamiento uterino por aspiración en el aborto’, Toko-ginecología Práctica, 30, 299 (1971), 150
Esto permitió crear una guía perfecta para cualquier profesional, o grupo activista que quisiera practicar un aborto por sus propios medios.
2. Colectividad, clandestinidad y solidaridad

Hacia finales de los setenta, con la muerte de Franco y el auge de los movimientos feministas, la aspiración uterina saltó de los hospitales a los hogares particulares. En ciudades como Valencia, Sevilla y Barcelona surgieron grupos de mujeres y activistas de izquierda que aprendieron la técnica gracias a la colaboración transnacional. Entre ellas destacó Françoise, una militante francesa que había participado en los movimientos por el aborto libre en Marsella y que enseñó el método, conocido como método Karman, a colectivos españoles.
Este era una interpretación militante de la aspiración uterina en la que se utilizaba una cánula desechable de plástico flexible de pequeño diámetro (3, 4 y 5 mm) para reducir el riesgo de perforación e infección. Para crear el vacío necesario, las personas activistas utilizaban un conjunto de objetos portátiles y reutilizados, a menudo transportados en bolsas deportivas:
◦ Una bomba de bicicleta o motocicleta invertida (para aspirar en lugar de liberar aire).
◦ Un tarro de Nescafé de vidrio o una jarra con una tapa de goma perforada.
◦ Un manómetro para medir la presión de aspiración.
Las intervenciones se realizaban en pisos privados o centros autogestionados y se trataba de seguir siempre un protocolo que garantizara la “humanidad” del proceso. No se trataba solo de interrumpir un embarazo, sino de reapropiarse del propio cuerpo en una sociedad que lo negaba. Se daban discusiones y apoyo grupal en donde se le informaba a la abortante del proceso que se iba a aplicar y del significado político que esto adquiría. Además, por seguridad, se evitaba utilizar anestesia farmacológica y todo el proceso era asistido por una persona activista que era la encargada de hablar con la mujer y sostenerle la mano mientras se operaba la bomba.

3. Del delito al derecho
Muchos de los médicos que iniciaron su práctica en estas redes clandestinas fueron los mismos que, tras la despenalización parcial del aborto en 1985, fundaron las primeras clínicas legales. Este fue el momento en que la práctica clandestina se refinó y se re-medicalizó. Según sus propios relatos, los profesionales españoles no se limitaron a copiar el método Karman, sino que lo mejoraron: desarrollaron sus propias cánulas de metal, superiores a las de plástico porque eran visibles en las ecografías, lo que reducía enormemente los riesgos del procedimiento.
Aun así, la plena legalización del aborto no llegó hasta 2010, cuando se reconoció el derecho a decidir dentro del sistema sanitario público. Para entonces, en los países de nuestro entorno la aspiración manual ya había sido reemplazada en parte por métodos farmacológicos, ahora en auge en España, pero la historia se la aspiración uterina sigue siendo un recordatorio de cómo la innovación científica y la lucha social pueden entrelazarse en un mismo instrumento.
Este artículo se basa en la publicación de María Mundi-López y Agata Ignaciuk, Different aspirations: medicine, activism and uterine vacuum aspiration technology in Spain (1960s–1980s)* quienes trazan la historia de esta tecnología entre los años sesenta y ochenta.
* Todas las imágenes utilizadas en esta publicación han sido sacadas del citado artículo.